La iglesia iluminada, el agua, luces por doquier.
La ciudad fantasía es una isla comunicada a través de puentes y puentecitos, con caminitos, pasajes y atajos que no admiten el paso de dos sino el de los enamorados. Pero pese a sus curiosos recovecos, uno nunca se pierde.
Lord Byron intervino en la composición con el puente de los suspiros y la volvió más mítica.
Hasta la música de los violines combinan con el espíritu carnavalesco y ancestral de su estilo viejo y brillante con caretas y lentejuelas.
Grande con las casas gastadas e inocentes, relucidas con farolitos y callecitas dispares. Puentes que cruzan, que vienen y que van, tan encrucijada y a la vez tan fácil que no se la puede conocer si no se la navega y si no se pierde en ella para volver a encontrarse.
Se me acercó Susi de Uruguay: “Nena!, nena!, viste donde estamos? estamos en Venecia!”
Ya dije que es verano y está todo muy lírico.
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