Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. "Seré tuya, dijo ella, cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado sobre un banco, en mi jardín, bajo mi ventana". Pero, en la nonagesimonovena noche el mandarín se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va.
Barthes, R. Fragmentos de un discurso amoroso.
Porque el poder lo detenta quien no espera, no esperes, nada!!!
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